El lenguaje corporal en las entrevistas

Mayte Guillen

17 de febrero de 2014

La forma de saludar y despedirse, la postura a la hora de sentarse o la manera de gesticular pueden llegar a tener tanta influencia en la obtención de un puesto de trabajo como el propio currículum. Cuidar estos aspectos puede significar tu empujón definitivo en dirección al empleo que has solicitado.

El lenguaje corporal en las entrevistas

Uno de los aspectos más importantes de una entrevista de trabajo lo constituye la actitud física que adopte el candidato. Algunos tics que se incrementan en momentos de estrés y pueden acabar con la paciencia del entrevistador, posturas que pueden ser interpretadas como groseras…, el primer punto clave a recordar es que “el entrevistador no es un colega”, es la persona encargada de realizar una valoración global de tu persona para decidir si eres la persona adecuada para ese puesto de trabajo.

El saludo inicial

¿Cambia en algo que el entrevistador sea hombre o mujer? En absoluto. En este asunto no hay discriminación positiva que valga. Ni besos en la mejilla para ellas ni palmaditas para ellos, y sí un firme apretón de manos, tanto si es hombre como mujer. Nunca deben darse besos en la mejilla ni recurrir a otro tipo de saludos más familiares.

Pero ojo, todo en su justa medida. No se trata de que aprietes tanto la mano del entrevistador que amenaces con romperle algún hueso, pero tampoco de dejar la mano flácida, porque es un feo detalle que pude dejar tus opciones tan debilitadas como tu propio saludo.

Recuerda que, aunque es lógico que a uno le suela delatar un cierto nerviosismo, debes procurar mostrarte relajado y seguro de ti mismo. Hay que adoptar una actitud segura, positiva y firme, pero sin que resulte rígida ni acartonada. Debes mantener una escucha activa, sonreír con frecuencia, mostrar expresión de interés y adoptar un lenguaje corporal correcto (cuidar la postura al sentarse, expresión de la cara, etcétera).

Cuidado con los TICS

Probablemente, en más de una ocasión habrás mantenido una conversación con alguien que, mientras te hablaba, trataba de sacarse un hilo de la camisa, se retorcía el pelo o las manos. Son gestos que, en la mayor parte de las ocasiones, se hacen de manera inconsciente, y que suelen revelar ansiedad o nerviosismo ante determinadas situaciones de estrés.

Para conocer cuáles son nuestros hábitos gestuales pregunta a tus amigos y familiares. Puede que ellos te revelen aspectos de ti mismo que desconocías.

Una vez “inventariados” tus tics, mentalízate para evitarlos en el encuentro con el entrevistador. Quizá te sea de utilidad entrenarte desde unos días antes, pidiéndole a tu pareja o a tus amigos que te hagan una prueba práctica para preparar la entrevista.

Para poder llegar lo más tranquilo posible a la entrevista, conviene que te prepares el encuentro con la mayor minuciosidad. Cuestiones como conocer la actividad y la posición de la empresa que ofrece el puesto, saber defender de manera clara el currículum o estar dispuesto a responder a todas las preguntas del entrevistador constituyen factores fundamentales para llegar a la cita razonablemente relajado.

Otras cuestiones importantes para encontrarte cómodo son vestir ropa que no te apriete o llegar al lugar del encuentro con la suficiente antelación como para evitar sofocos de última hora.

La despedida

No te relajes en el momento de la despedida. Aunque la persona que te ha entrevistado te haya parecido muy cercana y agradable, no caigas en la tentación de variar el tipo de saludo inicial.

Muchos candidatos incurren en el error de revelarse excesivamente amigables en este último paso. Limítate de nuevo al firme apretón de manos, una receta que nunca falla.

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